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De campanas y fobias

Nunca pensé que este momento llegaría, pero sí: primer look con unos pantalones campana. Y lo que es más curioso, ¡ahora no puedo estar sin ellos!

La fiebre por la moda de los años 70 ha golpeado realmente fuerte; desde septiembre tiendas y revistas (y todo aquel mínimamente metido en el sector) nos lo anunciaban. Y sí, sabemos que las tendencias no hay que seguirlas al pie de la letra si no van contigo, por eso por aquí veréis solo pinceladas de ella, como en este post de hace unos días… o en los pantalones de hoy. Porque ha sido por verlos sin parar y por una de esas maravillosas ofertas de Primark de “Jeans a diez euros” por lo que he terminado cayendo.

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Si sois más o menos de mi quinta, recordaréis que por los 2000-2005 todas llevábamos pantalones campana. Pero no como los de ahora, no. Eran campanas de dimensiones que casi da vergüenza reconocer; tanto era así que cuanto más abierta fuese la parte baja del pantalón, más popular eras en el instituto. Vi a chicas cortar los laterales para poner trozos de tela en el centro y que así se marcase más. Y chicas que los cortaron por el lado que no era (si es que el DIY no es para todos). También recuerdo que era muy muy bajos de cintura, con la inevitable catástrofe de que de vez en cuando parte de la ropa interior terminaba asomando. No sé si era peor eso o el hecho de llevarlos sin dobladillos para que arrastrasen, de modo que quedaban negros renegríos (como decía tu madre) y con algún roto en la parte del talón. Por supuesto, tú excusabas todo con un “mamá, es que se llevan así”. Fashion victims totales.

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Por suerte, parece que con el tiempo hemos aprendido. Ahora los tiros y longitudes de los jeans son normales y las campanas más racionales y razonables. Y, de hecho, la sorpresa es descubrir que favorecen incluso más que un pitillo: dibujan líneas rectas en las piernas, de modo que alargan ópticamente la figura; eso sin contar, además, que se puede añadir un tacón con facilidad y disimularlo, como en los palazzo. Así que para las que seáis más cercanas a la estatura de un minion que a la de una mujer (como es mi caso), no los rechacéis pensando que os van a hacer más bajitas.

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El día que los estrené lo hice así, creando un outfit sencillo pero que tiene ese toque que, al menos a mí, me parece distinto: combinando estampados simples y en tonos neutros. Añadiendo un bolso un poco más especial y un complemento original, como pueden ser las gafas (que no me quito para evitar dolores de cabeza y porque no pueden ser más bonitas), tendremos look con sello Low Chic: todoterreno, válido para mil situaciones diurnas y casi nocturnas.

Sé que prometimos que no volveríamos a llevarlos, lo sé. Sé que es complicado renunciar a los principios estilísticos impuestos por traumas del calibre del de principio de siglo. Y que dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, pero todos se merecen una segunda oportunidad, ¿no?

Jeans: Primark / Camiseta: La Redoute / Chaleco: Mango / Bolso y pendientes: Parfois / Gafas: Mo Multiópticas

One thought on “De campanas y fobias

  1. Hay que ver la chulada de fotos y lo bonita que sales. No tengo ningún pantalón campana en el armario ahora mismo la verdad, pero me encanta como quedan en otras chicas! Un besito!

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